jueves, 25 de febrero de 2010

El beso.


Mientras los hombres luchan entre ellos o intentan llegar a los planetas más cercanos cuyos misterios, dicen, tratan de explorar, yo me esfuerzo por conocer a fondo el corazón de mi amada y compañera.

Nuestro amor es una anarquía químicamente pura, una anti‑institución, una aventura con final desconocido, un misterio no domesticado por el dogma de las iglesias, monopolizadoras de creencias y sentimientos... Somos como dos polos opuestos que se atraen mutuamente y obramos dentro de un campo magnético. Nuestro amor es como un beso ciego a cuatro labios, dos corazones que laten arrítmicamente, dos hojas de otoño arrancadas y llevadas al mismo tiempo por el viento, una relación de fuerzas, una contradicción compartida, una continua guerra pacífica... Nuestra unión es, ante todo, una dialogante relación de fuerzas entre el corazón, la inteligencia y la carne.

Napoleón dice que el amor “c'est le lot des sociétés oisives”. Pero el amor mimado por la revolución burguesa es el de la fidelidad a plazos, el de los seriales y de las películas del corazón. Y estoy convencido de que el verdadero amor, la vida abierta a la lucha, tiene otros tintes.

(Mañana: “La bella y la bestia… enana”)

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