viernes, 26 de febrero de 2010

La bella y la bestia...enana.

Seguro que algunos se sorprenderán ante la imagen de la bella y de la bestia… enana. Lo mismo que yo me sonrío cuando pretenden que creamos en las mentiras que nos cuentan o en los mitos inventados para tenernos seguros y controlados. Nosotros, al menos ella y yo, no creemos en las medias naranjas perdidas que se encuentran para completarse y cerrarse sobre ellas mismas. Ella sabe que yo puedo existir sin su mitad y yo sé que ella se desenvuelve perfectamente sin la mía. He vivido muchos siglos sin conocerla y mi corazón no se siente, por ello, resentido. No somos incompletos por separado, aunque nuestros corazones remen mejor juntos contra corriente. Ni tampoco caeré en la trampa de vallar mi corazón para no ensuciarlo con el trabajo y la vulgaridad social.

Yo sé que, fecundado por los gestos y el lenguaje del amor, seremos más fuertes para enfrentarnos con los enemigos que nos acechan por doquier. No serviremos a una sociedad que nos ofrece sus prendas para esclavizarnos y aplastarnos con sus mitos y absurdas exigencias. Es más, juntos, si se tercia, romperemos esta sociedad basada sobre cuentos y mentiras. Si no la podemos destruir, al menos, intentaremos resquebrajarla. Y si logra matarnos antes de que la hayamos hecho añicos, nuestra muerte será el símbolo de las generaciones que nos sucedan.

No tenemos casa, ni muebles, ni dinero. Sólo cartas comercial –es la quinta que nos dejan en nuestro buzón– con las que, por un precio a plazos, se nos ofrecen muebles y artículos domésticos para el nuevo hogar. “Nos hemos enterado con gran placer –dicen las misivas– de su próxima boda. Deseamos, ante todo, que esta unión sea para su mayor felicidad y nos regocijamos de antemano. En esta ocasión excepcional, estaríamos muy contentos de serles útiles. Así que les ofrecemos…”

Nuestra unión pública será una pública complicidad. Ellos serán testigos de que no les hemos engañado. Nos juntamos deliberadamente bajo su bendición para luchar contra ellos mismos. Hay que sacar urgentemente al hombre de la miseria moral en que vive sumergido. Seremos a la vez las víctimas y los redimidos. Víctimas del sistema que se nos ha impuesto. Y redimidos con nuestra acción y nuestra vida, al margen de un orden que no aceptamos.

Sin embargo, a veces tengo dudas de lo que podamos hacer. Nos proponemos luchar contra un orden impuesto pero entramos, con nuestros actos, a formar parte del mismo. Y me pregunto por qué aceptamos tantas humillaciones que permiten institucionalizarnos, si amamos realmente la libertad y practicamos el anarquismo puro.

Mi único consuelo consiste en pensar que intentaremos destrozar su mundo con las mismas armas que ellos nos han dejado para, supuestamente, fortalecerlo. Porque a veces no resulta nada fácil vencer el conformismo con nuestro amor rebelde, la carne con nuestros ideales y los fantasmas con nuestras ideas.

(Próximamente: “Reconfortados en el lenguaje del amor”).

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