viernes, 9 de abril de 2010

El caballo desbocado del progreso.


La prensa anuncia que los restos de un cohete propulsor de una nave espacial caerán desintegrados en la Tierra dentro de tres días, dos horas y veinticinco minutos. Hay quienes recomiendan que miremos ese día hacia arriba, no sea que caigan sobre nosotros. ¿No será otro truco para que dejemos de fijarnos, aunque sea por poco tiempo, en lo que sucede a nuestro alrededor?

Los medios periodísticos, que hacen el juego a los poderosos, pretenden hacernos creer que la gente está, en cierta forma, más inmunizada contra el anuncio de la amenaza nuclear que contra la caída de un cohete propulsor. De la misma forma, un accidente cualquiera de aviación o ferroviario, un crimen pasional o un acontecimiento deportivo, ocupan más páginas en la prensa escrita, más espacio en las ondas herzianas y más tiempo en la pantalla televisiva que el paro galopante o la inflación. La vida es cada vez más cara y de peor calidad. Hay una superabundancia de brazos caídos y aumentan las posibilidades de enfrentamientos abiertos y de guerras declaradas. Pero eso es otra cuestión.

Por otra parte, algunos militares, científicos y políticos piensan que hay demasiada gente sobre este planeta y que, al desbocarse el caballo del progreso o al azotar la amenaza del paro, hay que pararlo de alguna manera antes de que se arrepientan de haberlo dejado correr desbridado.
(Próximamente: Páginas en blanco"

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