lunes, 19 de abril de 2010

Mirar hacia atrás.


- Si me tuvieras más confianza –me ha repetido mi amada–, no recurrirías a tu cuaderno para desahogarte y contarle tus secretos. Al fin y al cabo, ¿con quién te comunicas cuando escribes?

- Conmigo mismo –le he contestado sin dudarlo–, que no es poco.

- Pareces disfrutar en silencio, mientras te atormentas sobre tu pasado ¿Por qué no quemas las velas como yo hice con las mías?

Creo que ella no ha comprendido lo que hago y presiento que nunca vaya a comprenderlo. No porque no sea capaz, sino porque tiene los ojos cerrados a mi pasado y prefiere pensar en mi presente. Pero yo no puedo quemar las únicas velas que me quedan de mi viaje, aunque sean trizas inservibles. Entre otras cosas, porque pienso volver con lo que queda de ellas a mi pasado y conocerlo mejor.

- ¿Hasta cuándo? –ha añadido, mientras se palpaba su enorme vientre, como si quisiera comunicarse con nuestra hija– ¿Hasta cuándo piensas seguir viajando solo por tu mundo?

En el fondo, pienso que es una especie de envidia que siente por lo que sus ojos no pueden captar, salido en silencio de mi escritura.

(Mañana: Encerrado en mi torre de marfil)

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