jueves, 8 de abril de 2010

Escalofrío.




Esta noche, he apretado a mi amada, desnuda entre mis brazos; ella me ha besado y nos hemos perdido el uno en el otro. De esta manera, reconocemos por nuestro tacto nuestras individuales existencias, penetrando en esta dimensión en donde no existe ni el tiempo ni el espacio. Pero, en esta ocasión, y pese a un tiempo primaveral, un escalofrío ha sacudido mis miembros. ¡Pensar que estas bombas podrían destruir no una sino noventinueve veces este planeta que aún resulta tan hermoso!

Nueve meses tardará nuestro hijo en nacer, si es que el mundo en el que debe vivir existe todavía. Nueve meses al margen de todas las miserias. Si supiera lo que le espera puede que hasta nos reprochara que le hayamos dado la vida. En todo caso, esperamos que sus primeras palabras pronunciadas sean “Tierra y libertad” y que comience a caminar y a comprender quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigos. Muy pronto, si quiere prevalecer, tendrá que distinguir entre la verdad y la mentira de este mundo podrido. Y esperamos que tenga suficientes agallas para enfrentarse, sin más armas que la razón, a todo lo que suponga o signifique el poder ciego de las armas, la sombra, la sospecha, las trincheras, el enemigo, las fronteras, la patria, la guerra, las cruzadas... Ojalá tenga él la misma libertad que nosotros para elegir lo que mejor le convenga.

Se está con o en contra de estos principios. Ya no se puede vivir a lo Crusoe.

(Mañana: El caballo desbocado del progreso)

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