martes, 20 de abril de 2010

Encerrado en mi torre de marfil.


- Toda nuestra vida es un viaje –he dejado caer, esperando que mi amada lo comprendiera–, desde que nacemos hasta que morimos.

Pero ¿por qué sigues encerrado en tu torre de marfil? –ha insistido ella con cierta crítica que me ha sorprendido–. Por mucho que escribas, ¿quien te leerá? Y por mucho que grites en tu imaginario mundo, ¿quién te escuchará?

Puede que tenga razón. Mis mensajes se hundirán en el mar como lo hacen los navíos perdidos y heridos, sin rumbo ni cabotaje. Reconozco que éste es un acto suicida y desesperado. Pero me queda la esperanza, que es lo último que me devuelve la confianza en mí mismo. Una esperanza que, por otra parte, no me ha servido hasta el momento de gran consuelo.

No te hagas el fuerte y abandona tu endiosamiento –me espetó, alcanzando lo más hondo de mi corazón–. Eres un animal salvaje acorralado al que mucho me temo que terminarán por domesticar.

- Aún no he conocido a nadie que intente hacerlo –le he respondido con cierta arrogancia, resistiendo y defendiendo mi orgullo herido–. Que lo hagan, si se atreven.

Luego, más sosegado, he recordado sus palabras y he intentado rebatirlas con mis argumentos. Pero, ¿qué hacer cuando uno pierde la fe en las palabras? Al pintor le quedan todavía los colores donde aferrarse. Las notas y sonidos, al músico. La materia, al escultor. Pero ¿qué le queda a uno cuando ha dejado de creer en el lenguaje en el que habitualmente se comunica con los demás?

Posiblemente ella tenga razón y esto no sirva de nada. Pero, aunque sea por inercia, seguiré escribiendo. Sé que mis gritos se perderán en el océano. Y que gesticularé como un payaso, ante un público ausente. No importa. Mi acto es un testimonio. Lo sé yo y me basta. No puedo dejar de decir lo que ahora siento, incluso si nadie me escucha. Lo malo es que a veces me creo lo que presiento y no distingo, como antes, qué es la verdad, a quién va dirigida y el grado de credibilidad que mis palabras –transportadoras de esa verdad– puedan ofrecer.

(Mañana: Luchar contra el vacío)

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