jueves, 24 de junio de 2010

El cetáceo volador.


Entonces les pedí que me explicaran claramente cómo una ballena como la que me había devorado podía moverse tan rápidamente entre los mares y, tras surgir de las aguas, ascender al cielo hasta perderse en el firmamento. ¿Qué clase de animal era aquel que contrariaba todas las leyes conocidas y se burlaba de ellas?

- Nuestra “ballena” –intentaron aclararme, en un intento de ponerse a mi misma altura– no es un animal cualquiera. En todo caso, es un cetáceo volador que avanza vertiginosamente en zig zag o cambia bruscamente de dirección en ángulo recto. Porque su pérdida de peso es la de todo el peso que posee. Es decir, que opone cero inercia al cambio de movimiento. Y un cuerpo sin inercia puede avanzar vertiginosamente en zig zag, de acuerdo con la ley de la antigravitación.

Realmente, para mí aquel era un lenguaje inaccesible. No comprendía nada de lo que me explicaban. Sin embargo, sus palabras quedaron grabadas en mi subconsciente. Examiné detenidamente el dibujo que me hicieron del cetáceo volador. Era como una gran ballena con una carga gigante en su parte superior que le servía de combustible. Una especie de bulbo del que salía una luz intermitente. Era como el corazón y el cerebro a la vez que hacían vivir y moverse al cetáceo. Tras tantos siglos en blanco, de ahí nunca he logrado pasar.

(Mañana: “Fórmulas misteriosas”)

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