martes, 1 de junio de 2010

Naufragando.


Hace tres días que llueve sobre la isla. Tres días en los que el sol no ha aparecido en el firmamento, cubierto de nubarrones. Y un gotear constante penetra poco a poco en mi espíritu, invadiendo los rincones que aún quedaban resecos.

Cuando salgo de casa y miro hacia el cielo, la lluvia fina –no es tormenta ni granizado, sino una lluvia ininterrumpida que se posa sobre mí hasta cubrir por completo cualquier repliego– va empapando mi rostro deformado, anonadándome todavía más. De esta manera, camino sorteando charcos y, cuando regreso a casa, me sacudo como un perro las posibles gotas adheridas a mi alma. Me caliento como puedo ante una estufa de leña pero el agua sigue invadiendo mis pensamientos que luchan por salvarse del naufragio en que me hallo sumergido.

(Mañana: "Bufón solitario")

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