jueves, 25 de marzo de 2010

Eso que llaman burocracia.


Una funcionaria de la Delegación del Ministerio de Trabajo me ha contestado que el oficio de profeta ya no existe. Que se extinguió hace varios siglos. Pero ha reconocido que, en la antigüedad, funcionó y que, efectivamente, hubo profetas mayores y menores.

- De todas maneras –me contestó–. Mejor que no siga perdiendo el tiempo con esta vieja historia porque no va a sacar nada en limpio.

Instalada en el corazón del hombre, la burocracia se ha apoderado de él de tal forma que luchar contra ella resulta un suicidio. Está bien, me rindo. Les seguiré su juego como lo seguí en el país de donde vengo. Ellos se lo pierden.

(Mañana: Los misteriosos compartimentos del corazón de mi amada).

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