jueves, 18 de marzo de 2010

Riela la luna en el mar.


Sólo y sin ayuda de nadie, ¿podré encontrar mi propia conciencia e identidad diluida en las aguas del puerto? Riela la luna en el mar y, de vez en cuando, me miro en la contaminada bahía, invadida por buques de pasajeros, de mercancías o por algún barco de guerra. Intento encontrar en su superficie el reflejo de alguno de mis gestos. Pero, entre ellos, no logro divisar ni el parpadeo de mis ojos, ni el desafío que asoma en mi mirada, bajo el bosque salvaje de mis cabellos enredados y mi barba profana que oculta mi vergonzosa tez.

Luego, ya en casa, erguido ante la presencia de mi amada, desnuda en la cama, intento disimular la pesadez de mi vientre, hinchado de agua y de vacío, mientras la excitación de mi sexo provoca un murmullo de palabras que brotan de mi boca, buscando la suya bajo la noche estrellada de mi isla. Y me pregunto si, tras ella, lograré un día encontrar lo que busco.
(Mañana: La soledad)

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