jueves, 11 de marzo de 2010

La despedida.

Al fin, mi amada se lo ha contado a su madre, mi matrona: “Dentro de una semana, nos vamos a su isla”.

La noticia ha desencadenado una ola de incomprensión y rechazo entre los suyos. Mi madre política se ha resistido a desembarazarse de su hija, mi amada. Le ha advertido que la vida no será como siempre la ha encontrado a su lado. Y le ha confesado que mi isla está muy lejos, demasiado para vivir sin ella.

Luego, tras haber reflexionado calmamente, ha comprendido que no puede hacer nada contra los deseos de su hija, al fin y al cabo, casada, según sus deseos, con un meteco. Pero nos ha pedido que, al menos, le mandáramos un número de teléfono para cualquier imprevisto o necesidad urgente. Al mismo tiempo, nos ha rogado que aceptáramos una pequeña ayuda para desenvolvernos las primeras semanas. Y ha puesto en nuestras manos una cantidad gracias a la cual viviremos varias semanas sin graves preocupaciones ante los problemas con los que podemos topar.

(Mañana: Recopilación del capítulo II. El potro salvaje.)

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