jueves, 13 de mayo de 2010

Los siete porteros de las siete murallas.


Pasé aquella primera noche decisiva entre sombras, burlando a los siete porteros de las siete murallas. El primero, usurero más ujier, dormía con un ojo abierto y el otro cerrado sobre un jergón relleno de monedas de plata, conseguidas gracias a una vida de sobornos, y escondidas por miedo a ser sorprendido por los ladrones nocturnos. Tenía fama de abrir fácilmente la puerta de su muralla tras recibir a cambio unas monedas. Y, como yo no disponía de oro ni de plata, aproveché el momento en que una urraca nocturna se interponía entre su ojo abierto y la luna plateada para saltar a un cobertizo de paja, sito justo al pie de la segunda muralla. La distancia no era mucha y pude hacerlo sin grandes dificultades.

(Mañana: Arán, el guarda de la segunda muralla.)

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